Las luces de las casas son alegres.
Los colores magníficos reflejos de combinaciones perfectas de cristal
y las ventanas amplias en frente de mis ojos
son ajenas.
Mis libros yacen en el suelo,
en cajas de cartón los dejé en mi antigua habitación.
Lo dejé todo por las luces de las casas alegres.
Debo confesar que los espejos son temibles
y que mi propia voluntad se rompe entre pedazos de una esperanza que aún espero conocer.
Mis luces están sin embargo apagadas,
y mis cristales empañados por las gotas que bajan tan despacio
por las ventanas amplias en frente de mis ojos
que también son ajenos.
Pero mis ojos
esperan siempre
por tus ojos;
las luces de las casas son alegres
de un color que nunca los verá mi corazón.
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